Musulmanes en Holanda, occidentales de segunda clase

La inmigración, tema candente en los Estados Unidos tras la aprobación de la Ley Arizona, es también una 'papa caliente' en Holanda. El discurso de odio en contra de los musulmanes cada vez gana más terreno. De hecho, el sentimiento anti-islámico protagonizó, el primer semestre de este año, la campaña para las elecciones parlamentarias.
Durante el mes que estuve en territorio holandés vi sorprendida el odio que muchos le tienen a los musulmanes y lo frecuente del tema migratorio en la agenda mediática: los holandeses, conocidos por ser abiertos a casi todo, se cuestionaban si estaban tolerando en su vida diaria a los inmigrantes.
Según cifras oficiales, el 20% de la población holandesa es extranjera, mayoritariamente de Aruba, Marruecos, Suriname y Turquía, y la tercera parte de ese porcentaje es musulmán.
Sobre la Holanda de ultraderecha va esta historia.
Las elecciones celebradas el 9 de junio en Holanda dieron como ganador a Mark Rutte, del Partido Liberal de Derechas, con ideas más de centro y menos radicales que las del líder del Partido Anti-islámico por la Libertad, Geert Wilders.
Wilders, favorito durante varios meses a ser Primer Ministro, es conocido en Europa y entre los musulmanes como promotor del discurso de odio en contra de todo lo que sea sinónimo del Corán. Su partido logró 25 escaños en el Parlamento, lo que lo convirtió en la tercera fuerza política holandesa y en el movimiento con más ganancia en la contienda al duplicar su número de sillas.
Este político de ultraderecha culpa reiteradamente a los inmigrantes no occidentales por la crisis financiera de su país, los llama colonizadores y ha propuesto deportaciones masivas, según informó Radio Netherlands.
El gobierno holandés llama no occidentales a todos aquellos provenientes o con padres nacidos en África, Latinoamérica, Asia o Turquía. Aunque los ciudadanos de las Antillas holandesas y Aruba ya son holandeses desde su nacimiento también son incluidos en este grupo.
Para validar su tesis, Wilders utiliza los resultados de un estudio que encargó a una firma de reconocida credibilidad. La investigación arrojó que la población musulmana le cuesta a Holanda 7,2 mil millones de euros anuales porque son ellos los más dados a utilizar la ayuda estatal en comparación con el ciudadano promedio.
En Holanda, por el contrario, no existe malestar con los norteamericanos. A este grupo se le considera pieza clave en el desarrollo económico del país dadas sus características: personas con alto nivel educativo, sin problemas de documentación y con facilidades para comunicarse porque hablan inglés o aprenden con el paso del tiempo neerlandés, el idioma oficial.
El ambiente anti-islámico ha desembocado en una segregación escolar en ciudades como Amsterdam. Los estudiantes provenientes de familias musulmanas estudian en los llamados black schools mientras los niños holandeses, o de origen occidental, pueden hacerlo en los white schools, ubicados en las zonas más pudientes de la capital.
Sobre la discriminación a inmigrantes se tejen todo tipo de historias: que la población autóctona trata cada vez menos con los marroquíes y turcos, que a la mayoría los contratan para oficios varios o que al inmigrante le va mejor llenando las solicitudes de empleo con nombres ficticios, que escondan su origen no occidental.
Tiede Boersma y Margot Meeuwig son pedagogos de la guardería De Platanen en Amsterdam, institución conformada por estudiantes holandeses y una que otra empleada musulmana (ver foto). A ambos los entrevisté mientras realizaba un artículo sobre el papel que juegan las guarderías en la integración de la sociedad holandesa.
Tiede y Margot creen que los niños holandeses deben aprender a convivir con inmigrantes desde muy pequeños para construir una sociedad sin tantos prejuicios contra los musulmanes. Por eso, estos dos pedagogos no están de acuerdo con la división escolar que los padres de familia han creado en su país porque los niños aprenden desde temprana edad a etiquetar a las personas en los black y white schools.
Tiede vive en un barrio multicultural al sur de Amsterdam y asegura que sus vecinos, provenientes de Europa oriental, Asia o las Antillas, tienen permiso de residencia, educación y recursos económicos para vivir cómodamente. Los ve como ciudadanos que le suman y no que le restan a la economía de su país. Para él la inmigración es una moneda con dos caras opuestas.
- Una que llama más la atención de la prensa por su brillo de sensacionalismo: Holanda preocupada por su futuro económico al ver en los extranjeros gente pobre y sin educación, que terminará acabando con la prosperidad europea.
- Y la otra, el sello sin tanto brillo para la prensa, refleja a gente como él conviviendo pacíficamente con sus vecinos, sin cuestionamientos de por medio.
La tesis de Boersma pareciera tener asidero. Cifras estatales de 2009 mostraron que la brecha entre la población laboral de 25 a 35 años con alto nivel educativo se está cerrando cada vez más. Tanto los holandeses autóctonos (94%) como aquellos holandeses de origen no occidental (89%) acceden fácilmente al mercado laboral dado su alto nivel educativo.
Holanda atraviesa la más compleja de todas sus situaciones. Más allá de los retos que suponen el consumo regulado de marihuana o la legalidad de la prostitución, una mejor política de integración parece ser su gran asignatura pendiente. Entretanto, el continuo protagonismo de líderes como Wilders sólo ayuda a incrementar los estereotipos sobre la población musulmana y a incentivar la consolidación de una Holanda radical, estilo de vida que tanto le critican a los seguidores de Mahoma.
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TAtta
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